Hay momentos que suceden una sola vez en la vida. La Primera Comunión es uno de ellos.
Es el día en que una familia se reúne alrededor de aquello en lo que cree. La Familia observan con emoción, los padres descubren que sus hijos han crecido demasiado rápido y, por un instante, tres generaciones comparten el mismo recuerdo.
Mi manera de fotografiar una Primera Comunión no consiste únicamente en documentar una ceremonia religiosa. Busco conservar todo aquello que sucede alrededor de ella: los pequeños detalles, las manos acomodando un rosario, la emoción antes de entrar a la iglesia, la complicidad, los abrazos y la alegría de celebrar juntos un día irrepetible.
Cada imagen es pensada para permanecer con el paso del tiempo. Fotografías honestas, elegantes y atemporales que, dentro de veinte o treinta años, seguirán teniendo el mismo valor que el día en que fueron tomadas.
Durante más de una década he tenido el privilegio de documentar cientos de historias familiares en CDMX y Guadalajara. Mi trabajo ha convertido estos momentos en memorias que hoy viven en álbumes, cuadros y hogares que vuelven a ellas una y otra vez.
Porque una Primera Comunión dura unas cuantas horas pero el recuerdo va de generación en generación.
“No fotografío una ceremonia. Fotografío el legado de una familia.”